Borges: Realidad vs. lo fantástico

Grupo: Jueves por la mañana, Integrantes: Daniel Guerra, Jorge Morales, Stephanie Figueroa, Sebastian Landolt

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Location: Buenos Aires, Argentina

12.25.2004

Acerca del Aleph y sus testigos

Lo real es velero que siempre se aleja y oculta de las orillas del lenguaje. Con Borges reconocemos que todo lenguaje es un sistema arbitrario de signos incapaces de aprehender la sustancia propia de lo real. El hombre no puede aprehender lingüísticamente, por ejemplo, las esferas de lo atemporal, lo eterno, dado que la naturaleza del tiempo escapa a lo decible. Esta región de realidad es esencialmente inefable; lo cual no significa que sea inexistente o ilusoria, sino sólo que no es expresable por afirmaciones descriptivas o proposiciones normativas. Borges caracteriza en su narrativa lo lingüístico como un universo de signos encerrados en sí mismos, autorreferentes, incapaces de decir o expresar una realidad distinta a las propias palabras. El aleph es así ejemplo de una experiencia que intuye que la realidad profunda es inefable, y que sólo puede ser aludida mediante la elaboración de unas cuantas (finitas) metáforas. Las distintas maneras en que estas se construyen están íntimamente relacionadas con la lectura que de ella hacemos. Esa lectura distintiva, condicionada de ya por un universo cultural toma, en los personajes de El aleph, el antagonismo propio del postmodernismo borgeano.

Repasemos brevemente el relato. El personaje Borges, todavía enamorado de Beatriz Viterbo, muerta en 1929, visita todos los años la casa de la amada. Allí, el antipático primo sufre las visitas del devoto amante y comparte con Borges su afición literaria. Carlos Argentino Daneri, el primo de Beatriz, muestra a Borges, en abril de 1941, unos pésimos versos de un ambicioso poema suyo que pretende representar el mundo entero, lo que da pie a una serie de comentarios irónicos y reflexiones sobre la escritura poética por parte de Borges. Un día de octubre de 1941, Carlos anuncia a Borges que la casa de la calle Garay va a ser demolida y, lleno de angustia, lo lleva al sótano para mostrarle la verdadera razón de sus temores. Escondido entre los escalones hay un aleph del que no se quiere separar, un punto en el espacio que encierra todos los puntos, el lugar que permite ver todos los lugares simultáneamente. Pero Borges, después de contemplar el universo, decide vengarse de Carlos actuando condescendientemente, como si no hubiese aleph alguno y estuviera siguiendo la corriente de los desvaríos de su amigo.
Sigue la posdata de marzo de 1943. En ella, el personaje Borges cuestiona la oficialidad literaria y el aleph mismo. La publicación de una selección de "Trozos Argentinos" por la Editorial Procusto le ha valido el Segundo Premio Nacional de Literatura a Carlos Argentino Daneri; "Los naipes del tahúr" de Borges no logró ni un solo voto, ironía final del desarrollo narrativo del tema de la literatura. Luego las dudas sembradas sobre la existencia misma del aleph: Borges, personaje, afirma que el aleph de la calle Garay es un falso aleph, pero que tal vez exista uno verdadero en el centro de una columna de la mezquita de Amr, en El Cairo. Continúa la puesta en crisis dudando aun de la fidelidad de su memoria, incapaz de retener la visión del universo, incapaz de fijar la imagen misma de la amada Beatriz.
"¿Existe ese Aleph en lo íntimo de una piedra? ¿Lo he visto cuando vi todas las cosas y lo he olvidado? Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz." (Borges 1970,

La realidad ficcional constituida en el texto – por lo demás enrarecida, como veremos, por sus actantes – es perturbada por la aparición de un objeto imposible ante el cual sus observadores reaccionan de distinta manera. Ese elemento, abrumador e inconmensurable, el aleph, es en su naturaleza semejante a la literatura: fuente de infinitas variaciones.

En apariencia verosímil, el contexto que el texto dibuja está en realidad afectado por una suerte de estilismo prosaico no sólo manifiesto en la pluralidad de propuestas literarias presentes en el mismo relato, sino en la configuración propia de sus personajes. Carlos Argentino Daneri conoce el aleph desde pequeño; en el momento en que lo encontramos aún es su juguete, su obsesión. Daneri pretende verbalizar su experiencia del infinito, hacerla literatura; su carácter pomposo y fútil prima en sus versos y configura, junto con los toques de hipocresía y cinismo de Borges personaje (escritor también), una realidad insulsa, insustancial. Hasta que aparece el aleph. Borges (personaje) niega entonces la posibilidad de transmitir su experiencia y, sin embargo, se apoya en el lenguaje para intentar una descripción, aunque sabe inalcanzable el objetivo: el infinito. Y así lo entiende: abrumado, temeroso del TODO percibido, quisiera no haber conocido nunca lo que no le correspondía como humano. Ahí la razón de su venganza. La imagen del espejo en su descripción es significativa pues recuerda la relación que esta figura tiene con la literatura en la narrativa del autor: el universo reflejado, repetido, “contaminado… de falsedad”. A partir de entonces el olvido, aunque liberador, implicará para Borges alejarse de lo que quiso. La dimensión elegida es única y siempre distinta. El cambio, inevitable.
Jorge Morales
BIBLIOGRAFIA
Borges, Jorge Luis. The Aleph and other stories. NY. E.P. Dutton, 1970.
Borges Jorge Luis. El aleph. Bs.As. Emecé. 1996.
Rodríguez Monegal, Emir. JLB. A Literary Biography. N.Y. E.P. dutton, 1978.
Sonowsky, Saul. Borges y la cábala. Bs.As. Hispamérica. 1976.
www.temakel.com/confwborges.htm

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